domingo, marzo 22, 2009

digestión






















Cafetería del Hotel Le Royal Meridien. 00.53 am.

Sigo sentada frente al televisor: el del lavavajillas mete los dedos en la tartera para sacar los granos de arroz; el salvaje de la 2 entra a saco en el loft, en un viejo almacén.

Interrumpe el programa. Tira una moneda al aire: cara premio. Cruz, pizza

Es un gran compromiso... Pizza.


Oigo su voz... Todo esto es demasiado raro para mi, me dice. Elige premio

Si vas a seguir lloriqueando, te invito a la boda y te libero de que me regales la cafetera...

Premio

Premio...


Por la mañana, nos traen el desayuno a la cama. Junto al café y al tarro de Nutella, le dejo una carga de optimismo y un rulo de pasta, envuelto en una cinta que dice "despacio"...

Dentro, su nombre chino en una invitación impresa sobre la programación de Shangai tv.

sábado, enero 24, 2009

cerrar ventana (vuelve a la lista de mensajes)


Hace tiempo no pienso en lo profundo, superficial, profundidades trascendentales, superficies arlequinadas, maquillajes de carnaval, Juanes, Ferrán Adrià o Wong Kar Wai. Está bien.

Tanto más hace que no me importa que estés calvo o seas rubio, tus ojos sean verdes o avellana, midas uno ochenta y dos o si la cuchara se refleja como tenedor o Madoz beba de Brossa mientras no me babees al besarme, ni hagas ruido al comer, que no al comerme.

No soporto que me pongas voz de Llongueras cuando te pierdes sin mapas porque prefiero tu mejor Kevin Johansen al susurrarme al oído "Oh, je voudrais tant que tu te souvienne, cette chanson était la tienne...".Pero da igual.


Y te gustan mis trajes chaqueta con tacones de "es necesario a veces" y mis faldas de colores porque le quedan bien a mis piernas como tus manos a mis tetas, que ya no son lo que eran, tus piernas tampoco son de atleta pero me gusta cómo me quitas las bragas...

Y es que te he puesto, Rey, donde caben pintadas en las paredes, aviones en el cielo, garabatos en las carátulas de los dvds piratas o las uñas sin morder. Y es que no es secreto que te exijo menos de lo que me pido, con estridencias y pausas, sí, y el interior chungo pasea por la barandilla del puente, despega a volar... El exterior sale a bailar bossa cuando me apetece navegarte. Somos bollywood, la belleza en la ventana. Me vale así la vida.

fotos de Chema Madoz

viernes, noviembre 21, 2008

decena fantasma


Dice su buzón de gmail que, si le apetece leer algo, siempre puede consultar el google noticias. La única noticia que la seduce es aquella que la besa con la sabiduría de diez expresiones pulsadas dedo a dedo -con los diez- ilusión fundida en negra habitación sensual: decálogo básico para elevar la esperanza a la enésima vibración... Sí, se refiere a esos tuyos. Tan ausentes como tú. Tan inventados como tu nombre y tu forma humana.
Tú, su inexistente besador.

sábado, noviembre 15, 2008

depósito de silencio


Recibí tu carta y me alegré. La abrí y dentro de esa carta había otra carta y me volví a alegrar. Abrí la segunda carta pero dentro de ella había una tercera. Los sobres eran casi etéreos, como nubes tratadas con papel de arroz. Esa tercera carta remitía a una cuarta y a una quinta carta. En la quinta carta hacías referencia a una décima carta que escribirías tres días después de que recibieras la respuesta a tu segunda carta. Pero la segunda carta venía dentro de la primera que remitía a su vez, a una vigésima octava carta que escribirías despidiéndote de mí por no haber respondido la séptima carta, donde me decías que las seis anteriores eran un simulacro de esa que nunca llegarías a escribirme, porque no me lo merezco y porque mi alegría al leer tu primera carta te parecía totalmente fingida, lo que no era cierto; pero ya era tarde para andarte convenciendo de ese tipo de cosas después de que ha pasado tanto tiempo y tantas cartas que sólo llevaban y traían nuestro silencio tan bien dobladito entre papeles blancos...

miércoles, marzo 19, 2008

así es

es un Hopper, claro
¿Cómo explicártelo?

Esto es como...
...un crucigrama sin espacios en blanco, el aplauso rezagado en el teatro, el último verso de José Hierro. O Àngel González, palabra sobre palabra, al viento o a la guitarra.

Como el disco que enciende las luces del bar, dormirme sobre tu pecho reposado en tu abrazo. O el chivato acribillado a balazos o mear en una hoguera. Como la última patada del ahorcado, la firma de una hipoteca, el traficante que sale invicto de su paso por la aduana.

Abrazar al recién parido
bajarse del taxi en el aeropuerto y no mirar atrás...

O tirar el ramo por encima del hombro
despedir al último invitado o
"tus ojos color de hoja cierran el verso".

Como apagar al irnos...
sellar el sobre con lacre,
leer un testamento o apretar la tecla "enviar".

Tirar de la cadena,
acomodarte en el asiento entre nubes
y abandonar tu vida en manos del piloto...

O en la papelera de reciclaje.
O el final del tránsito de Plutón
O del partido (con Messi marcando el tres-a-dos)

Como lavarse los dientes antes de acostarse,un grito de gozo al follar contigo,un Martinu por Panocha en Josefo, desear y soplar velas o ponerle nombre a un lienzo, gastar el último céntimo, devolverte las llaves de tu apartamento o entrar de un salto en el vagón del metro a punto de partir y sonreír.
Como mirar tres sorollas y un renoir a través de tu cámara que atrapan mis ojos , saberme vivo después de haber pequeñamente muerto, despertarme Romeo sin Julieta (sé que al revés fue tremendo). O ser el Oscar de Bardem, un jarro de agua fría, un "no es lo que parece", besos en la oscuridad en un hotel Madrid..

Como escribirnoslo diez veces diez y pixelarnos.
Como el reloj nos devela en cada tic, en cada tac de su silencio final: esto está resuelto.

viernes, febrero 29, 2008

sueño que te echo de menos


Tras un suspiro que silba tu nombre, intento coger aire y me trago un avión. No sé porqué ni me interesa saberlo. Será que quiere recorrerme por dentro y poner de manifiesto mis sentimientos, sacarlos a la luz cuando logre encontrar la salida. Pero no da con ella, me revolotea sin rumbo durante horas, cargado con 430 mensajes de angustia y me provoca náuseas. Me da por vomitar. Y entre vómitos veo un cielo verde de bambú y una luna verde palideciendo como yo, mareada como yo, vomitando como yo. Y el avión se transforma en un cohete rojo y aluniza.
Yo alucino porque me recuerda tu verga clavándoseme...
Rememoro cómo me enciende tu suavidad al acariciarme los labios, vibro con tu determinación al plantarla muy adentro, esta vez en un cráter de la cara oculta que nadie descubrió.
La luna vomita con más fuerza y yo tomo aire y entre migas de bacalao, coulis de frutas y risotto indigerible, el cohete que un rato fue airbus se esparce a mis pies en un chorro de lava que brota como un surtidor de mi estómago, eyaculación familiar, nada casual, como aspersor en el cesped verde jardín de mi pelo, ya del todo verde como la luna y yo y el cielo.

Y tú eres uno de los pasajeros desintegrado entre guisantes y pimiento del piquillo.

Me levanto a beber agua. Ha salido el sol, me acurruco de nuevo, pegada a tus nalgas y tu espalda y me duermo, ya toda azul

Gracias por las fotos a E. Xie , E. Schildt y C.Margeli

lunes, enero 21, 2008

luz



Los dos son luz, reflejo el uno del otro, luz entre ellos, suspendida en el aire en el que no están, detenida, sin respiración quieta de vela, pero sí de calor. De luz y silencio.


Dos veces al mes, paso por delante de ese montón de basura y revuelvo entre papeles de oficina y cartones, pañuelos manchados de carmín o mostaza para encontrar la pila de poemas numerados que alli abandonas, dos veces al mes, a mi alcance, las palabras se circunscriben unas a otras, se hacen comunes las diferencias que se expanden con tus ondas de optimismo, me alcanzan y me estremece descubrir que se han transformado en sentimientos compartidos, percepciones de dos locos imaginativos... Es un lago de ilusión, yo en la arena, tú en suaves olas hasta la orilla me besas de diez en diez veces la piel y yo te abrigo con esa sonrisa tan tuya que curva las letras hacia arriba -busca que te busca los puntos- sobre las ies que se dibujan en mis mejillas. (Eterna fiesta en que enciendes toda las bombillas de nuestras ramas).

Lo descubrí un día al apearme del autobús en la Cientocuatrobé y voló hasta mi pierna una hoja escrita a mano. Sacudí el pie para que se desprendiera y siguió ahí abrazada, mirándome desde abajo como se mira desde arriba a un poema tatuado en la pierna: sincronizados en un abrazo ciego. Con toda la luz de su empeño, la cogí y sin mirarla caminé con ella arrugándola entre mis dedos -y ella agarrada a mi mano- hasta el montón de basura del cruce con la calle Amarilla, para tirarla. Ignorante aún de que era la hoja la que me alumbraba la noche y el camino. Allí había una pila de papeles desordenados, numerados, diecisiete. Reconocí el formato. Leí entonces el que todavía permanecía en mi mano y me llevé los demás a casa. Me dieron las tres de la mañana, leyendo y releyendo aquella tempestad de emociones. (Desde entonces, las luciérnagas revolotean ebrias en mi ventana cual botellón en tu plaza)

Cada noche pasa a la misma hora excepto cuando intervienes tú y te plantas enmedio de la calle con los brazos extendidos en cruz. Llegados a este punto, intersección de la calle Naranja y la Cientocuatrobé, el camión de la basura se detiene chirríando sus neumáticos. El conductor aprieta los dientes, te maldice y jura que la próxima vez te atropella sin más miramientos... Pero eso ocurre cada diez, doce o quince días, no hay manera de saber cuándo vas a aparecer, no hay forma de prever cuándo saltarás al asfalto para interrumpir la labor de los basureros.

Uno de ellos se limita a jalearte, mirada de si-no-te-quitas-de-ahí-te-voy-a-meter-dos-hostias, "pobre loco", piensa. Tú te quedas alli plantado un par de minutos y luego te vas tranquilamente.

Es el tiempo justo que necesito para acabar de revolver entre la basura de la esquina, entre la calle Amarilla y la Cientocuatrobé. Porque cuando dos veces al mes puedo salir del trabajo antes de hora, el transporte público me deja allí antes de que se hayan llevado los escombros y recojo en esa esquina poemas que alguien que desconozco deja apilados a la basura.

(...Ella no sabe que, después de depositar los poemas, me voy a la esquina de la Cientocuatrobé y la calle Naranja y espero que aparezca su autobús. Cuando llega el camión de la basura antes que ella, me planto de un salto enmedio de la calzada y le monto el numerito al basurero, lo entretengo y veo como ella camina hasta los poemas. Entonces le guiño un ojo al conductor y me voy silbando algo alegre. La luz de su rostro al descubrir mis escritos me ilumina durante los siguientes quince días para seguir escribiendo los poemas sonrientes que la luz dibuja)

martes, enero 15, 2008

a tu mirada le ofrezco...




Tremendo impacto visual encontrarme con tu mano, tus dedos, tus ojos, tu hombro, tu desnudez pudorosa, tu impúdica mirada.

Terrible no saber contarte cómo me has desafíado y me has enredado entre sílabas y versos, aunque sé que no es a mi a quien miras los pezones, ni escribes. Ese perfecto equilibrio tuyo entre mirada y verbo que me provoca sensación estremecedora de descarga eléctrica, la satisfacción de correr hasta quedarme sin aliento y detenerme en el aire en pleno vuelo, dejarme llevar entre dos corrientes de aire, sobrevolar tus aguas y tus arenas, saciar la sed de belleza con tus letras, ganarme el descanso al sol, estremecerme-regocijo-entre tus versos.

Aplaudirte y marcharme en silencio, aplaudirte en silencio y quedarme, retener la respiración, para que no notes, para que no sepas que he venido a leerte y me has hecho brillar de orgullo porque redescubro el gozo que me provoca tu forma de escribir: el placer de encontrarme con todos los ángulos de tu expresión, tu perfecta geometría.

Bello es tu desplante, créeme que me hiciste disfrutar y cuanto más te leo menos sé cómo corresponderte. Por eso me fui sin hacer ruido, sin dejar huella.

Ahora, aquí, tan sólo se me ocurre ofrecerle hoy a tu mirada... la espalda

Inspirado en el post "Te miro"

martes, noviembre 07, 2006

El Rey ha muerto

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Staircase in Capri, John S. Sargent

El Rey Puesto ha muerto.

Sigo adelante en mi blog de siempre, mi blog sin reyes. Bahia en calma

Gracias por las visitas y el cariño sincero. Os dejo aquí un beso.

miércoles, julio 12, 2006

si la vida te da limones...

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Me ha contado que de pequeña se reían de ella por eso de su voz metálica. Ella nunca se burló del gordito relleno, ni de la cuatrojos, ni tampoco del mulato hijo de un marine que atracó una vez en el puerto y no volvió, ni del que se reía como un cerdo o la niña de las orejas de soplillo y diadema rosa. Pero sí se carcajeaba de su propia particularidad. Nunca se opuso a que la llamaran C3PO, aunque a ella quien le gustaba realmente era Hal 9000 y siempre que tenía ocasión lo imitaba y se dejaba caer en el suelo como si se desinflara y entornaba los ojos, a punto de un desmayo, cantando cada vez más lento, con gran comicidad, para deleite de todos los presentes que agradecían el numerito con fuertes aplausos: Daisy, Daisy...
Ahora trabaja de actriz de doblaje en el cine. Le ha puesto voz a robots femeninos, androides con tetas tipo Madonna, Afrodita A pareja de Mazinger Z, replicantes, etc. Tiene un novio guapísimo, me cuenta entusiasmada. "Es un calco exacto de Roy Batty, el lider de los Nexus 6 de Blade runner, creado por el ser humano pero más inteligente y más fuerte. Folla como nadie".

Y cuando nos interrumpe una llamada que promete ser un latazo, simplemente contesta: "el teléfono que ha marcado está apagado o fuera de cobertura. Por favor, inténtelo de nuevo pasados unos minutos".

lunes, julio 03, 2006

hay un año para cada comienzo

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Apoyada en su pecho, la mujer le lee su cuento que va de un árbol que sostiene entre sus ramas una cabaña-refugio diminuto con una ventana al mar dorado al atardecer. El espacio alberga un baúl que esconde un mapa secreto sin tesoro pero con un laberinto por el que se pierde una mujer que lee en voz alta y sobrevuela el cielo gris de Santiago un tres de julio. Allí, en una calle sin nombre, aterriza casualmente sobre un hombre con sombrero y bufanda burdeos. La mujer llega con su entusiasmo de sol a regalarle la risa y mientras caminan por las calles a oscuras con el sonido de sus pasos en el asfalto, él le cuchichea al oído que pueden escribirse unas cuantas cartas. (Ella lo escucha colgada de su manga y piensa que esas palabras dan para muchas mañanas. Luego le muerde la boca y el cuello y le besa lenta, lentamente los labios en una esquina del quiosco del cerro). Descubren que los ojos espejo de él reflejan las ganas de vivir de ella y abren sus alas para descender juntos hasta una playa donde se posan entre las rocas, al abrigo del viento y las anestesias que conquistó el tiempo y las ganas. Allí, lejos de los depredadores, él recobra la serenidad y sigue contando: la historia de un hombre árbol que albergaba a una mujer-refugio entre sus fuertes piernas de rama y esconde en su pecho un cofre lleno de tesoros sin mapas, ni laberintos, ni sueños truncados, pero sí con besos a decenas que regresan por la única ventana al mar de sus ojos dorados. Y versos y palabras. Mece a la mujer cono su voz de violoncello. Los dos se arropan con los susurros de las olas incansables y el futuro cierto.

Es tiempo de brindar con una copa de Merlot, sin estruendo, por un año desvanecido. Nada.

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miércoles, junio 14, 2006

reloj tormenta de arena

Me ahoga el esfuerzo y la boca llena de arena por abrirla demasiado en plena tormenta de angustia y agitación.

Has abandonado un desierto junto a tu deseo en un recipiente de cristal que me apresa y estrangula mi traquea lacerada de tanto gritar: sácame de este reloj...

viernes, junio 09, 2006

ya no hablamos

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A otro puede, a mi no. No es la soledad la que me va a matar, porque ni siquiera acompañada sé si me salvaría ya. Tampoco hablo de suicidio, no es eso, no tengo cómo acabar conmigo. Los tiburones no tardaran en aparecer y rezo para estar muerta cuando me empiecen a morder. No obtengo placer de esa visión de mi misma, despojo humano a la deriva.

La soledad me ha vencido muchas veces, pero ahora no se trata de eso, ahora no. Me moriré porque ya no me queda sangre -tengo el cuerpo destrozado, cosido a cuchilladas- Tampoco tengo ganas de vivir así, no me interesa, aunque estuvieras a mi lado. Porque ya hace tiempo que estábamos solos, juntos y en silencio, y así hemos hecho el amor por última vez y nos hemos devorado con pasión mientras cortabas mi piel, infinitas brechas sobre mis pechos, mi espalda, mis brazos y mis piernas, que luego lamiste en un intento loco por detener la llegada de mi muerte, pero te pedí que la aceleraras. ( ¡Y el sufrimiento de tu mirada, amor, tu mirada y el roce de las yemas de tus dedos sobre mi rostro en un gesto desesperado de adoración...!)

Y no gemí, ni me quejé. Todo se redujo una vez más al silencio. El aislamiento y ese desamparo nos ha hastiado a los dos.

Hace tiempo, cuando todavía nos pisábamos las frases con ingenio, cuando nos embarcamos juntos en esta odisea, prometimos que jamás no permitiríamos alcanzar la incomunicación absoluta, antes nos separaríamos: uno saltaría por la borda y el otro navegaría en busca de mejor destino. Veníamos de historias corrompidas y no queríamos volver a vivir ese grado de deterioro amoroso.

Me ha tocado a mi saltar. Con tu ayuda... Al fin y al cabo, antes de hacer el amor por última vez, cuando tú te ofreciste a tirarte y dejarme a mi a salvo en el barco, enmudecí.

Es cierto, ya no hablo. Me da lo mismo hablar que callar y te da lo mismo que calle o te hable, ya no me escuchabas demasiado, ni prestabas atención a mis respuestas. Mucho menos a mis preguntas. Prefiero que sea el silencio el que me acompañe, no tengo nada que decir y tú no tienes nada que escuchar.

Ahora oímos lo mismo, tú en la popa, yo en el agua: nada.

Silencio de olas salpicando en cadencia por cinco lados, en sincronía a la nave y a mi. Vuelo de burbujas sigilosas que explosionan en miles de gotas y chocan contra tu mirada vidriosa y mis ojos perdidos. Murmullo de discreta aspersión que se sincroniza, progresiva, con la circunspección que nos aísla.

La sal me quema las heridas, duele mucho, casi tanto como el abandono elegido. Y los huesos se enfrían. La mente se me embota con esta sobredosis de silencio que emborracha mis pensamientos.

Una vez más.

"Ya no hablábamos" has susurrado al empujarme por la borda y tus últimas palabras me mecen ahora sobre espuma roja, con una intensa somnolencia que me vence.

viernes, mayo 12, 2006

la otra puerta

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esta bellísima foto es de unsologato

No hables, no te muevas, no hagas ruido... Si no se dan cuenta de que estamos aquí tal vez pasen de largo y abran la otra puerta.
Si oyen algo se detendrán a aguzar el oído y percibirán nuestros latidos y la sangre que corre por nuestras venas como caballos desbocados. Sí, mi palpitar en las sienes también y tu jadeo por las prisas que nos hemos dado en vestirnos para escondernos una vez más, tantas veces ya, tanto tiempo...

¿Quieres seguir adelante? Nos han encontrado: este es el momento de decidir. Mira, podemos escapar por la ventana, juntos, solos tú y yo, amor. Nos separa de ellos esta puerta. No es una muralla infranqueable, no es más que una puerta. En cualquier momento la abren o la echan abajo a patadas y se acaba todo. Si me dices ahora mismo que lo dejemos aquí, podemos hacer dos cosas: una, salimos tranquilamente y cada uno se va por su lado. Y dos, provocamos que nos descubran, nos saquen a rastras y que esto termine con un final fastuoso, de escándalo, con la dosis de dramatismo correspondiente. No hace falta que hables, mírame y haz un gesto de asentimiento, aprieta mi mano fuerte y nos seguiremos exaltando en las mismas pasiones. Fortalecidos, escaparemos juntos por la ventana, seguiremos la costa hasta llegar al puerto. Allí nos embarcaremos para emprender un largo viaje: el viento y los dioses nos serán favorables.
Déjame que te bese una vez más. Pero...
...si tus ojos dicen que no quieres más de mí; me marcharé y no volverás a saber nunca nada. Ni siquiera hallarás mi nombre entre las definiciones de ningún crucigrama. Seguiremos con nuestras excavaciones arqueológicas bajo tierra con algún resquicio de luz solar.
¿Deseas que acaben con nosotros? Abre la puerta y grita su nombre, llámala, que venga y se abrace a ti. Implórale, imprégnate de su savia tediosa. Y cuando se dé cuenta de que sigo ahí, inmóvil, serena, veré como frunce su ceño y me salpica con su vómito beligerante. Dejaré que me amenace con su dedo en alto, que me escupa y que me llame puta mientras le resbalan las gotas de sudor por la nuca. No le diré nada, no temas, nunca lo hice. No me interesa nada de lo que diga o haga.
Seguirá bramando hasta reventarnos los tímpanos. Nos miraremos en silencio a sabiendas ya que nuestras novelas se escribirán con más lance y pasión, pero serán dos, completamente distintas.
Yo no sé cavar fosas, mi amor, sólo me interesa tu mirar y adivinaré tu convencimiento de que haces lo correcto. Estoica, presenciaré toda la escena y os miraré marchar hasta doblar la esquina.

Yo abriré la puerta y entraré en nuestra guarida, cruzaré sin tocar nada para luego desaparecer por la ventana. Me exiliaré a alguna isla afortunada, al abrigo de vuestro ardid.

Tú subirás a tu ático soleado y en silencio. A lo lejos, por el ventanal, distinguirás las primeras nieves.

Escribiremos dos historias sin memoria.

domingo, mayo 07, 2006

24 de mayo 2006

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"Lavabo y espejo". Óleo de Antonio López García

333 es una cifra francamente difícil para cualquier cosa que uno se proponga hacer con ella. No recuerda a nada. No dice gran cosa si es que los números pueden decir algo.

No, es mi mente la que se inventa mil y una posibilidades para, por ejemplo, relacionar el uno con el cinco y con ese quince que es la segunda parte de las cuatro cifras que componen mi clave del cajero automático (coincide con el día en que te conocí y también cuando me olvidé de ti; eso me da que pensar que en 3 meses más no recordaré la clave..). Pero el trescientos treinta y tres puede ser una fecha: tres de marzo del dos mil tres. No trato de darle sentido o justificar esa cifra, ni siquiera de recordarla. Pero es perfecta aunque no siempre he saboreado cada una de las 479.520 fracciones de sensaciones encerradas en estos 333 fragmentos de espejo interrelacionados y, a la vez, delirante e independiente. Lo he intentado pero no he podido dejarla en una unidad, ni elevarla a ninguna potencia, ni multiplicarla, ni despejar incógnitas, ni buscar variables, ni constantes... ¿Todo lo más tres pares de tetas bien puestas y sin excesivo canalillo?

Dejemos los senos, los cosenos y los números a pares porque tengo un trío que nada tiene que ver con el sexo aunque me lo hayan propuesto más de una vez.

333 es la cifra pero se escapa a mi control. No quiero apuntarla en ningún sitio y tampoco debería ser necesario, es fácil de recordar y es importante. Todo lo importante que puede ser una cifra (y no hablo de dinero)

Al final no es más que el centésimo cuadragésimo cuarto día del año del calendario gregoriano o el día Europeo de los Parques Naturales.

Pero también es la suma de cada uno de los días de deseo elevados a la enésima potencia, de desespero aireado, de angustia desechada, de delirio y esperanza compartida . Es el número de nudos que componen el encaje de bolillos en que se ha transformado mi vida. Es el número exacto de días que hemos tardado en abrir una claraboya por donde escapar juntos de este laberinto dejando de lado el tedio y las cuchillas de afeitar...

jueves, abril 27, 2006

breve encuentro

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el dibujo se lo tomé prestado a Dock

El cielo es de un color verde esmeralda. No es extraño el color en sí, es un verde precioso, algo revuelto, lleno de ranas saltando y abriendo sus bocas para croar sin emitir sonido alguno. Lo raro es que estoy acostumbrada a ese cambio repentino de color en mis cielos. Ocurre, sobretodo, cuando me paso un rato con la mente en blanco, con cara de nada...
Normalmente no me cuesta nada aislarme del mundo que me rodea aunque esté en la terminal del aeropuerto esperando a que llegue el avión de Eduardo, mi amante actual y más osado, el que no escatima creatividad ni imaginación al desplegar todo su arte amatorio conmigo y no con una esposa previsible y conservadora. Todo el mes de abril sin él se ha hecho eterno.
Llegaba tarde ese avión, muy tarde de madrugada y yo ya no tenía ni agua, ni chicles de menta, ni tabaco. Anquilosada, ya ni ganas de moverme demasiado. Los bares de la terminal habían cerrados a las once de la noche, poca gente trasegando y sobre mí, un cielo verde pistacho -reconfortante como un edredón mullido- más allá de las vigas y los cristales de los grandes ventanales me invitó a dormitar. La música de Brian en los auriculares me llevó a soñar que Eduardo llegaba y me abrazaba y después introducía la mano bajo mi blusa de lino, me acariciaba los pechos y jugaba con mis pezones. Se apretaron mis piernas, cruzaron y retuvieron intensamente los jugos que pugnaban por mojar mis muslos, echándole un pulso a mi conciencia. Noté sus besos en mi cuello y su búsqueda de mis huecos con su lengua descarada. Abrí los ojos al cielo aterciopelado verde almendra; restablecí el ritmo de mi respiración alterada y esperé que nadie se hubiera dado cuenta de mis ganas de correrme, para levantarme a pedir un cigarro.

Miré y un poco más allá descubrí a ese hombre con cierto estilo de buen-chico-pero-rebelde, inconformista y tímido: alto, rubio, delgado y vestido de negro. Me recordó a Brian en su última visita a España (Ese tipo siempre me atrajo...)

Perdona ¿Tienes un cigarro? Sí, sé que aquí no se puede fumar... ¿Tú también esperas? Saldré afuera a encenderlo ¿Quieres acompañarme?

Cuando me preguntó "¿A quién esperas? me dieron ganas de mentirle a esos ojos verde agua que fueron de mis pechos a mis pupilas previo paso por mi boca. Mentí sin pensar demasiado y, con un asalto de repentino pudor, transformé a mi amante de los últimos tres meses en mi novio formal.

Él vaciló un instante, parpadeó y mintió diciéndome que esperaba a su hermana. Sonreí abiertamente. Sonó el móvil, el avión de Eduardo había aterrizado y ya se dirigía a recoger su maleta.

Miré a ese Brían, no le pedí el teléfono -craso error- para jugar a la seducción otro día. Estaba cansada y hay un tempo para todo: él suyo ya había pasado. La ocasión se había esfumado como el humo del cigarrillo que pisaba ahora con mi sandalia.

Me gustó que mintiera porque se sintiera atraído por mí y me despedí con una leve caricia en la mejilla y un beso que deposité en la comisura de sus labios. De un lado al otro, pasé rozándolos con los míos y le dejé un beso más en la otra esquina de su boca.
Olía bien, a pinos calientes por el sol en un atardecer de verano. ¿Nos volveremos a ver? aventuró. Le dije que sí al oído, con sus antebrazos todavía agarrados por mis manos... "Seguro que sí..."

Ví como me sonreía Eduardo y lo saludé con la mano en alto. Al agitar mis dedos en el aire, un perfume de resina y pinaza envolvió a todos los presentes y despertó un deseo irrefrenable de pegarme a su cuerpo.

El cielo verde cadmio oscuro se salpicó de luciérnagas exaltadas que nos acompañaron hasta mi cama...

( Niño Melón me invitó a escribir este texto, complemento de otro suyo. Espero que le guste y a los demás, también. Gracias)

martes, abril 18, 2006

ofrenda

Duermes en espiral.

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Cedo al vértigo y mi boca escala tu cuerpo:
besos de nácar te perlan los sueños.


foto: New Breast Shell de Paula Moss


miércoles, abril 12, 2006

la herencia (II)

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Second story sunlight de Edward Hopper

Salí a fumar un cigarro a la terraza. No fumo hace tiempo -aunque siempre me gustaron los habanos del viejo- como tampoco suelo beber aguardiente, fue una excusa para dejar a aquella pandilla de alimañas descuartizarse entre ellos sin mi presencia "perturbadora". Mercedes dice que no me entienden y que por eso les asusto: soy yo quien no comprende nada. Yo sólo me dedico a escribir, no me meto con ellos, los "superiores", la aparente perfección: jueces, legisladores, matasanos... Una vez muerto el viejo -el único que se merecía mi respeto en esa familia- todo habían sido discusiones constantes, contra la última voluntad del patriarca, por resolver quien había obtenido la mejor parte del pastel.

Ya afuera, descubrí en la terraza de la casa de al lado a aquella mujer coqueta, medio desnuda, inmóvil como un lagarto y dorada por la luz del atardecer. A su vera una viejecita pintaba un cuadro. Mis ojos no podían apartarse de esa hembra de mediana edad, entrada en carnes aún prietas. Le dí una calada al cigarro y un sorbo al vaso de kirsch y me bastaron unos segundos para imaginarme hundiendo la cara entre aquellas tetas orondas como melones que se intentaban esconder tras un diminuto triángulo de tela. La visión me satisfizo tanto que me animé a evocar un poco más mi fantasía y penetré en ese abismo, moví la cara, mi boca yendo de un pecho a otro, para devorar un pezón y otro. Comencé a excitarme y ponerme nervioso porque adentro los carroñeros bramaban, afuera el mar rugía y las mujeres permanecían ajenas a mi presencia silenciosa. Pegué otro trago. Mi cabeza caliente siguió bajando por el vientre de aquella mujer, una "gracia" de Rubens, y metí mi lengua entre los voluminosos muslos, saboreé el punto justo de sal y acidez de un molusco bivalvo que encontré con mis dedos entre sus mil pliegues...

De repente cansada por la postura, se incorporó un poco -sus carnes se agitaron como una ola violenta- y levantó sus gafas de sol hasta la frente al advertir que estaba yo, allí, parado a unos metros. Ajena a la lujuria que había despertado en mi, me saludó con una sonrisa de dientes irregulares, resuelta y simpática. La vieja miró también pero siguió con su cuadro.

Lento, sin apartar la mirada de su boca encantadora pegué el último trago de mi vaso y apagué el cigarro.

Mercedes se asomó entonces a la puerta de la terraza para decirme que los hermanos habían llegado a un acuerdo: " Carlos odia este lugar y prefiere el despacho que mi padre tenía en el centro. Sé lo mucho que te gusta la playa: ¿Qué te parece que nos quedemos con esta casa?"

viernes, abril 07, 2006

muerte en el Jerte

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Las flores se han vuelto negras,
las ramas se derraman
ensangrentadas.
Hoy huele a muerte.

Este verano no habrá ni una cereza.

martes, abril 04, 2006

me quedo en este puerto.

foto bahía - 25/03/2006


Calada hasta los huesos por tu lluvia de besos, me arropas con el embozo perfecto de tus caderas sabias, mojadas de olas que arrasan por encima de cualquier borda. Compenso tu estabilidad con viento en popa: que mis piernas abracen sin secretos tus palabras.

(Alisia tu voz, inventas poemas de mi cuello a tu pecho. Le susurras a mi vientre de arroyos bajo el puente que mi geografía de cuevas y dunas reside en tu isla -centro de mi paisaje- en un mar sosegado, alejado de turbulencias. Y sonríes)

Cantan tus dedos sirenas de arrebato
que arrancan oleadas de espuma
placer de piezas encajadas
en mi espalda de seda
-savoir faire, trop bien faire-
con un mástil sin lamento,
más gemidos de amarre,
y caricias salpicadas de sal
a ritmo de adivinanzas y, yo solícita,
de tu equilibrio en mi cadencia.

Como locos de atar en un manicomio que flota sobre las letras somos balsa que sobrevive a las mareas (las bebemos sorbo a sorbo para bajarlas); a furias que tratan de anestesiarnos los versos; a azotes de huracanes místicos y sortilegios a golpes de timón. Somos sueño de veleros.

Quedémonos en este puerto.